Las Casas de Abajo

Matián se encuentra en una zona llana y elevada junto a la rambla de Matián (la rambla Bermeja, como aparece en todos los mapas). Pese a ser pequeño, se divide en dos partes, las Casas de Arriba y las Casas de Abajo. Hoy compartiré con vosotros algunas cosas sobre estas últimas, que es donde vivía mi familia, aprovechando que esta Semana Santa hemos hecho una escapada para allá.

Las Casas de Abajo son (o más bien eran) tres casas juntas, que están a unos 100 metros de las Casas de Arriba. En ellas se juntan los dos barranquillos que bajan hacia la rambla desde las Casas de Arriba. Justo en medio de esos dos barranquillos hay un alto donde se alza la iglesia. En esta foto (2007) ofrecida por excavamatian tomada desde lo alto de la cuesta de la Venta podeís ver lo que os acabo de explicar.

Donde se abre el barranquillo de la izquierda está el Pilar, que es un nacimiento de agua salobre, no potable, ahora ya seco aunque nunca fue abundante, que se utilizaba como abrevadero para las bestias. Todos los matianeros llevaban allí el ganado para darles de beber en algún momento del día. En el Pilar se criaban sangrijuelas que se pegaban a las lenguas de las bestias y del ganado, así que había que tener cuidado porque si se les pegaban luego tenían que quitárselas una a una sacándoles la lengua y tirando con un trapo. Lo podéis ver en esta foto.

En esta otra foto tomada desde el lado contrario, desde la iglesia, podéis ver en primer término las Casas de Abajo, a la izquierda el camino que subía hacia Matián para los carros y los coches, que se le llamaba “el Carril” y después de las casas, el camino hacia la rambla, que se le llamaba “el Callejón”. Luego está la rambla y la cuesta de la Venta, por donde sigue el camino. Al fondo podéis ver la sierra del Periate (izquierda) y la de Orgalla o de Orce (derecha).

El agua que sobraba del Pilar, bajaba hacia la rambla por una especie de cequia que pasaba por delante de las casas y que aún se puede ver en la foto. Esa agua la utilizaba mi abuela para regar un jardincillo que hizo delante de la casa. También plantaron una higuera para aprovechar el agua y las Juanillas (o las Carrionas), las vecinas, plantaron un albercoquero, aunque de eso ya no queda nada.

Las Casas de Abajo tenían una cierta independencia de las de Arriba y los matianeros que vivían allí solo subían a Matián para hacer alguna visita o comprar alguna cosa en las tiendecillas de la maestra o del tío Benito. Para ir a por agua a la Zanja tampoco pasaban por las Casas de Arriba, ya que iban directamente por la rambla o por una verea que servía de atajo. Esa verea salía desde enfrente de la última casa y bordeaba los bancales. En esta foto podéis ver dónde empieza, así como una estaca de las que había fuera de las casas para atar las bestias.

A diferencia también de las Casas de Arriba, en las que había un único horno, que era comunal y en el que había que coger tanda para amasar y cocer, las de Abajo tenían cada una el suyo propio. Las tres lo tenían dentro de la casa con la característica de que la capilla del horno, es decir, el cuerpo en sí, estaba físicamente en la casa de al lado. La puerta del horno daba a la cocina (la chimenea), donde también encendían la lumbre. En esta foto podéis ver la cocina de la segunda casa, la de las Juanillas o las Carrionas, y en la siguiente (a la derecha) la capilla del mismo horno, que está debajo de las escaleras, ya casi derruidas, de la primera casa.

Aunque la primera casa también tenía el horno dentro (con la capilla dando al corral) el padre de mi abuelo Pablo, el tío Ángel Cáceres (el papa Ángel para nosotros), cuando vivía en la primera casa lo quitó de allí y lo construyó él mismo enfrente. Lo podéis ver en la siguiente foto, que se la echó David el de Juan Julio a mi abuela Pilar “la Parrúa” en el año 1965. Está barriendo el horno, con las sillas preparadas para sacar y colocar la tabla con el pan amasado. La foto que le sigue es de hace unos días, 47 años después.

Estos hornos (llamados modernamente hornos morunos) se construían a base de adobes, una especie de grandes ladrillos con un lado más estrecho que otro (para poder construir de forma abovedada) que se hacían de paja, tierra arcillosa y arena con un molde y se dejaban secar al sol.  De hecho, la palabra adobe es de origen árabe y significa justamente “ladrillo de barro secado al sol”, así que ya podéis imaginaros el origen de esta técnica constructiva. A parte de tener la boca (puerta) tienen una bramera (bravera normativamente), que es un orificio que hay encima de la boca y que se utiliza como respiradero para controlar la fuerza del horno, tapándolo o destapándolo con un tronco de la misma anchura según convenga. El interior del horno se revocaba de una mezcla de yeso y tierra, que decían que aguantaba mejor las altas temperaturas que solo el yeso, y que había que ir renovando de vez en cuando, cuando se desconchaba. En esta foto tenéis el detalle del interior del horno.

En este caso y como muchas otras casas de Matián, el tejado del horno no tiene tejas, sino que está hecho con tierra roya, una tierra pizarrosa e impermeable de color gris que se cogía de minas al aire libre cercanas a la rambla. Cada año se le echaba una fina capa de esa tierra, bien picada y apisonada con el azaón, y se conseguía así una cubierta que, según mi abuela, no dejaba pasar ni gota de agua, como si fuera un tejado de tejas. Podéis ver la cubierta del horno en la siguiente foto.

Pasamos ya a las casas en sí y a las familias que vivieron en ellas. En la siguiente fotografía podéis ver lo que queda de la primera casa de las Casas de Abajo, donde vivió mi familia. En ella, después de irse al cabo de un par de años unos labradores que los señoritos trajeron de Granada, entró a vivir el tío Ángel Cáceres y la tía Francisa Galera (los abuelos de mi madre) con sus hijos Pablo (mi abuelo), Ramona, Antonio y Ángel. Juana, la otra hermana de mi abuelo, ya se había casado y acabó viviendo en Pulpite (después de vivir en La Hinojora y en Malagón). Todos los hermanos de mi abuelo se fueron casando (Ramona con Miguel el del tío Paco, Antonio con Rosa la de Constante y Ángel con Juana María “la Chispera”) y él tras un tiempo de vivir con mi abuela en las Casas de Arriba, se acabó yendo a vivir a aquella casa, donde nació mi madre.

La siguiente es la única foto que conserva mi abuela en la que se ve parte de esa casa. Es una foto de mi tía Angelita, hecha el año 1966, antes de venirse a Ibi, en una ventanilla de la fachada que daba a una de las habitaciones.

En la siguiente casa vivió el tío Juanillo el de Ana y su mujer, Antonia Carrión, con sus sietes hijas: Anica, Dolores, Francisca, Adoración, María Ascensión, Mariana,  y Antonia; a estas hermanas se las conocía como “las Juanillas” o “las Carrionas”. Cuando murieron los padres, allí se quedó viviendo Adoración con Pedro “el Carbonero”, con quien se había casado, y todas sus hermanas. Al morir ella, Pedro se casó con Mariana y continuaron allí. Antonia, a su vez, se casó con el hermano de Pedro, Fernando “el Carbonero” y ya se subieron a Matián a vivir.

En la última casa, que podéis ver en la siguiente foto, vivían el tío Julián y la tía Francisca con sus cuatro hijos. Uno de ellos, cuenta mi abuela, murió de joven jugando a tragarse garbanzos al aire, se le metió uno en el pulmón y murió ahogado (supongo que al pulmón no le llegaría, pero bueno). Luego estaban María (que se ve que fue novia de mi abuelo y acabó casándose con el guarda de El Madroñal y luego se fue a Cúllar a vivir), Bárbara, que se casó con Antonio “el Cuevas” y se fue a las Casas de Arriba, y Rafael, que se casó con Agustina de Rebelo y se quedó allí viviendo. Por cierto, hace poco murió Antonio “el Cuevas” en Onil, así que desde aquí un abrazo a la familia, que sé que seguís el blog.

Para acabar con esta entrada, os dejo con las vistas de las Casas de Abajo desde la rambla. Justo después de la última casa pasaba la cequia del agua que venía de la Zanja y que servía para regar los bancales.

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Categorías: Arquitectura y lugares, Familias matianeras, Fotos | 15 comentarios

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15 pensamientos en “Las Casas de Abajo

  1. pepe

    Has hecho una descripción perfecta, algunas cosas se podrían trasladar perfectamente a cualquier otra aldea de la zona. Por ejemplo yo recuerdo el tema de los hornos en Aspilla allí había tres, lo de las sangrijuelas cuando bebían agua las bestias en el pilar, el barrio de arriba y el barrio de abajo. Entre ambos barrios, yo vivía en el de abajo, había unas casas que les decíamos las de enmedio y al final en la parte más alta, junto al cerro, hay una casa sola que le decíamos el cortijo del tio Juanillo. Todos tenían que bajar al barrio de abajo a diario, porque allí estaba la fuente y sigue estando ofreciendo sus aguas como nos las ofrecía hace sesenta años cuando yo estaba allí.
    Yo también he aprovechado estos días para ir al terreno y hacer trabajos de campo para mi próximo libro, he estado en el cortijo Los Píos (Cúllar), entre Los Azores y el Pozo Iglesias. En el Campo de María visité las aldeas de Cañadas de Cañepla (María) y Topares (Vélez-Blanco), entre ambas aldeas, más bien pequeñas poblaciones aunque no lleguen a la categoría de municipios, se encuentra el lugar donde, para muchos incluido yo mismo, nace el río Guadalquivir.
    También en la zona de Chirivel he realizado algunas entrevistas, interesantes, a personas mayores que son una autentica fuente de sabiduría.
    Los nueve días que he permanecido allí han sido bien aprovechados y sobre todo nunca te vienes sin aprender muchas cosas nuevas y recordando otras, que aunque ya las sabia, las tenía un poco olvidadas.

  2. Manuel

    ¡Qué bien casa lo que describes en esta nueva entrada con lo que cuenta la abuela! Al mirar las fotos, después de leer el texto, te das cuenta de que hablas de un tiempo pasado y que aunque lo que dices parece estar vivo, la realidad ahora es otra; a pesar de todo, siempre quedan ganas de volver porque allí se respiran escenas de otros tiempos que se resisten a abandonar aquellos lugares y que permanecen vivas entre los restos de aquellas humildes casas de Matián

  3. Angel Cáceres

    Aprovechando una visita de mis abuelos a Polop, les he nombrado tu blog y les he leído y enseñado esta entrada tuya de Las Casas de Abajo. Me ha parecido muy enriquecedor todo lo que han contado, ya que la información que aportas ha sido el detonante de que sus recuerdos sobre aquella época y lugar afloren y relaten así sus vivencias. Mi abuelo Angel recuerda cómo ayudó a su padre (el “papa Angel”) a construir ese horno enfrente de las casas. Me explica que la técnica que usaron para levantarlo fue la utilización de una estaca y una cuerda atada a ella. A modo de compás, dicha estaca se situaba en la base, en el centro de un círculo que le daría la forma. Con la cuerda se medía la distancia de cada piedra al centro del círculo. Conforme se levantaba el muro, la cuerda se acortaba. De este modo, se iba dando forma a la cúpula que se remataba con una última piedra en su parte superior, cerrando así la construcción del horno. Finalmente, tanto por fuera como por dentro, la construcción se enluciría con barro. Mi abuelo recuerda cómo “amasó” ese barro con sus propios pies, ya que debido a su espesor (tan apreciado para cerrar la estructura) era difícil de despegarlo de la azada.

  4. Aunque no tenga nada que ver con esta Nota, te envío por este medio el mail que te mandé hace unos días, y que creo no te ha llegado:

    Estimado Cristóbal, me he comunicado hace un momento con Alejandro Galera con quien muy amablemente he conversado por más de quince minutos; Efectivamente su abuelo llego desde el sur de España a Argentina y hasta hace unos veinte años vivieron en Triunvirato (hoy de unos 100 habitantes, 20 años atrás 1.000), luego se mudaron a Lincoln donde hoy vive. Su abuelo tuvo 7 hijos de los que hoy solo queda una tía suya de 93 años y con la que, me dijo, conversará para ver si sabe algo mas del origen familiar. Le he dado la dirección de tu página para que te contacte.
    A mí no me queda dudas de que son descendientes de tu familia, sería bueno que se pongan en contacto.
    Cualquier otra cosa que creas que pueda hacer por ti, no tienes más que decirlo.
    Te envío un fuerte abrazo.

    Juan Carlos Azor.

  5. Nuria Cuevas Molina

    Muchas gracias por nombrar a mi familia en esta entrada, mi abuelo nos contaba muchas cosas de allí y mi abuela Bárbara aún lo sigue haciendo. Cuando podamos, mi padre que lo conocian por “el remolino”, quiere enviarte cosas e historias para que las puedas incluir en el blog, si te gustan.
    Saludos de la familia Cuevas.

    • Hola Nuria. Tu hermana me ha escrito diciéndomelo y yo encantado. Cuantos más seamos los que aportamos cosas al blog ¡más interesante será! Se ve que los de las Casas de Abajo eran buenos elementos. A mi tia Grego la llamaban “la Chipilina” y se ve que entre todos los zagales tenían una cuadrilla un tanto traviesa. A ver si ella también se anima y nos cuenta cosas como cuando se subían a los tejados 😀

  6. Pingback: La fiestas de Matián: San Antonio, los moros y cristianos y el baile « Matián: memoria oral del Altiplano de Granada

  7. DIEGO CARRION

    Hola Cristobal, imagino que eres hijo de Pilar, te felicito por tu nota y me alegra pues yo he tenido la suerte de compartir muchisimas veladas con tu abuelo Pablo y con su hermano Antonio. Creo que Rosa seria un buen plato de tertulia, pues siempre a tenido una mente muy abierta. te felicito, por no dejar en el olvido tus origenes, aunque seas Ibense de nacimiento.
    No todos les gusta decir soy de tal aldea, otra que si te podria decir y contar muchas cosas seria Paqui, la madre de Miguel Angel, esa y tu tia Grego , eran lel terror de Matian .

    • Hola Diego. Sí, soy el hijo el Pilar 🙂 . Gracias por tu comentario, me alegra saber que te gusta el blog. Hehehe, el terror de Matián… Eso dicen de mi tía, sí. Y con mi chacha Rosa sí que tengo que hablar tranquilamente de muchas cosas, a ver qué cuenta ella. ¡Un saludo y seguimos en contacto!

  8. Fernando

    Buenas tardes , soy nieto de Pedro el Carbonero , ya hace unos cuantos años que no paso por las casas de abajo , pero cada vez que paso por allí se me ponen los pelos de punta , de imaginarme a mi abuelo por allí.

  9. Rosa Matián

    Hola , yo soy rosa hija de miguel y rosa. Nieta de Jeromo “el andaluz” y Juana María “la cucaloja”. Todavia seguimos viviendo en matián, sobretodo por trabajo, cultivando las tierras.
    Me gusta mucho todo lo que comentais,,,, en cuanto pueda os mandamos fotos,,,,

    • Hola Rosa, ahí están los matianeros de al pie del cañón. Encantado de que escribas y si tenéis fotos antiguas o modernas que queráis compartir, por mí encantado. Un saludo.

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